Coronavirus: impuesto de guerra que debería aplicarse en esta pandemia

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Por Ismael Zaragoza, edición digital de Espacio Pv

Muchas personas equiparan estos tiempos de pandemia que estamos viviendo con las condiciones de vida de guerra: pérdida de vidas, alza del desempleo y aumento de la pobreza.

Expertos argumentan que ante un situación extraordinaria, se requieren medidas extraordinarias, como la creación del “impuesto a las ganancias extraordinarias” de las empresas, un gravamen que se aplicó en las Guerras Mundiales, el cual consistía en cobrarlo a las empresas que se beneficiaban grandemente, como el caso de las empresas fabricantes de armas.

En la actualidad, debido al coronavirus, las empresas que son beneficiadas son las farmacéuticas y las firmas tecnológicas como Pfizer y Zoom.

El profesor Reuven Avi-Yonah, profesor de Derecho y director del Programa Internacional de Impuestos de la Universidad de Michigan, comenta que es un enriquecimeinto oportunista.

“Es inadmisible que algunas corporaciones se beneficien. La mayoría está perdiendo por la pandemia y todos nosotros, los contribuyentes, estamos gastando dinero para ayudar a la gente que más lo necesita”.

Gobiernos y bancos han inyectado mucho dinero para impulsar el consumo, así como comprar respiradores y camas, además de ayudar a las familias vulnerables, a los desempleados y a las empresas paralizadas económicamente.

El problema, sin embargo, dicen los expertos, que es que debe ser aplicado internacionalmente para que funcione.

Pero no todos apoyan el impuesto extraordinario.

Chris Edwards, director de Estudios Tributarios del Cato Institute, en Washington, D.C, dice que el problema no es el exceso de ganancias, sino el despido de personal, que reduce la inversión.

Scott Hodge, presidente del centro de análisis estadounidense Tax Foundation, experto en política tributaria, presupuesto federal y gasto público, explica que el problema radica en que, a pesar de que el fundamento es penalizar a las empresas con grandes ganancias, ultimadamente se aplican a la mayoría de las empresas, lo que “terminó desincentivando el emprendimiento y perjudicando a la economía”.

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