Crónicas del VPH

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Por: Lexy Trix, edición digital de Espacio Pv

Una infección de transmisión sexual (ITS) es algo súper común, se sabe. ¿Pero sabemos acaso si nosotros la padecemos o sabemos cómo detectar cada una de ellas?
Es muy diferente concebir ajena la idea de que son comunes a sentirte parte de esa comunidad. Lo sé. He vivido ambas.

Hace dos años y medio, justo después de regresar de un periodo de movilidad en mi ahora amadísimo Puerto Vallarta, inicié mi proyecto de investigación científica para con el poder titularme, sí, la tesis, ésta justamente tenía tema sobre el Virus del Papiloma Humano (VPH). Fue entonces cuando conocí de cerca lo común que es: 80% de la población mundial sexualmente activa lo tiene o lo ha tenido en algún punto de su vida. Pero claro, esto no me representaba más que un número, no una realidad, y me di cuenta de que esto nos pasa a muchos, no reconocernos el riesgo porque tenemos pareja estable, porque pensamos que esas son cosas de gente irresponsable, por un montón de cosas.

Un año después de haber comenzado mi investigación, fui diagnosticada también con VPH, no lo podía creer, ¿cómo era posible que esto me estuviera ocurriendo a mí? Si yo tenía pareja estable, si me cuidaba, si tenía mis revisiones anuales, si estaba informada, si yo no era “irresponsable”, si estaba investigándolo y conocía los factores de riesgo y yo no cuadraba en ninguno de ellos, ¡¡CÓMO!!? Y fue entonces cuando cambié el lado de la moneda, de saberlo como algo súper común a vivirlo como algo común… Caí en una depresión tremenda, ahora me parece impresionante cómo un diagnóstico de estos puede detener tu vida y sentir que ya no hay nada más. Fue un momento muy duro porque tuve miedo a pesar de saber claramente que VPH NO ES SINÓNIMO DE CÁNCER, a pesar de contar con información adecuada y de tener el apoyo de mis amigos que no me dejaron sola, ese miedo no se iba. Creo que el miedo que sentía era a tener que vivirlo siempre como un secreto que me pesaba horrible, porque me parecía que enfrentarlo es aún peor que callarlo, me sentía decepcionada de mi misma, me culpaba, me victimizaba, me orillaba a la paranoia.

Un día, no sé bien cómo, me atreví a hablarlo y ese día todo se volvió una locura, porque fue entonces cuando me di cuenta de que el 80% no es sólo un número, sino una realidad tangible, que sí había un montón de personas pasando y sufriendo lo mismo que yo, pero en silencio todas. Empecé a hacer difusión de información consciente y responsable a través de mis redes sociales y fui conociendo muchos, muchos casos más, en los que hay dos miedos que reinan, la crisis y la depresión: miedo al cáncer y miedo al rechazo. Ahora me doy cuenta de que ambos vienen juntos desde una raíz muy profunda: EL TABÚ. Y la verdad sí es muy difícil lidiar con ello, pero está en nuestras manos empezar a quebrar ese tabú hacia lo sexual, que sólo nos daña en muchos aspectos porque nos hace ser víctima de prejuicios absurdos, empodera la ignorancia y fomenta la discriminación.

Para muestra quiero decirles un par de verdades que desmienten los prejuicios:
-Las ITS no son cosa de gente irresponsable o promiscua, es algo que pasa bajo la única condición de tener vida sexual.
-El VPH no es una sentencia de cáncer.
-El VPH (y demás) no te arruinan la vida, el miedo y la obsesión sí.
-Tengo VPH y no vivo como si fuera infecciosa.
Deseo profundamente que el conocer mi historia les sea útil para vivir sin miedo, para revisarse, para no confiarse. No se frenen nunca por el “qué dirán”. Cuídense mucho siempre.

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