Efemérides: 11 de Mayo “Andrés Iniesta”

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Por Imanol Vazquez, Edición digital de Espacio Pv.
Egresado de la licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana Campus León, actualmente realizando la especialidad en Teoría Psicoanalítica. Imanol nos invita a ver las cosas y la cotidianidad desde una perspectiva filosófica y metafórica.

Tengo un par de cometidos a alcanzar en esta apertura antes de poder iniciar la discusión que busco entablemos esta semana, pido entonces paciencia si en algún momento entorpece el andar de mi pluma.

Intento mantener mis reflexiones pertinentes al momento presente y ofrecer mi limitada mirada sobre la situación o la “actualidad” en turno, este después de todo, es un portal de noticias.

Pero no es cualquier portal de noticias. Aquí se expresa la nota en una manera que se siente “propia”, para el lector y quienes tenemos la enmienda de escribirles.

Una de las maneras en las que me fue instruida esta “actualidad” y que más pude pensar como “propia”, eran las efemérides del mes, dictadas en la escuela todos los lunes por la mañana, pintando panoramas sobre natalicios, batallas y lo que se pensaba como “importante”, como de verdad importante.

La bandera es importante. La bandera tiene su día y su efeméride.

Por lo que pienso, que aprovecharé este nuestro espacio para apropiarme de tan versátil herramienta para traer al frente discusiones que, aunque parezcan fuera de lugar (a quién se le ocurrió tanto puente en Mayo, por ejemplo), tienen la capacidad de hacer que algo íntimo se comparta entre la pequeña historia que vivimos en cualquier día, y la gran historia del “afuera” que se respira como patria, como real e importante.

Entonces, de vez en vez escribiré sobre algo íntimo que se comparta entre los días que vivimos y algunas cosas que pienso deben ser presentadas como “importantes”, o que al menos se sienten así para mí, he intentaré capturar ese toque especial que evoca el sentimiento de leer “Inicio de la Guerra México-USA” escrito en una cartulina verde fosforescente.

Traeremos a la mesa entonces lo informal de fingir formalidades.

Bien, primer cometido alcanzado.

Segundo, una pequeña confesión:
• Amo el fútbol.

Y no me produce la menor culpa admitirlo; por demasiado tiempo se ha pensado en este nuestro contexto latinoamericano, que el gusto por tan hermoso deporte debe de estar siempre maniatado a la ignorancia, a la violencia y de una manera muy (in)cómoda, a la pobreza y la marginación.

Cuando en realidad es una experiencia cercana a lo religioso, al arte y al calor de la sangre. Es una vivencia de lo humano, lo fraterno y por supuesto del Otro, que atraviesa y nos pinta corazones, rostros y prendas.

Son historias y batallas de lo propio frente a lo externo, son dominaciones que se lloran y son autoafirmación que se cantan y se bailan. El fútbol es saberse vulnerable, y optar por aventarse aún así a enfrentar al mundo entero.

Es un relato puesto en escena por los más disciplinados intérpretes de su forma, que nos regalan historias de héroes que hacen temblar la capital de nuestro país cuando le marcan a Alemania, o de villanos y tragedias que ni con el paso de los años se logran superar, #NoEraPenal.

Bien.

Ahora, para mi siguiente truco de magia, les explico la efeméride de este día.

Chillido de micrófono usado

“Hoy, 11 de Mayo, se conmemora el Natalicio de Andrés Iniesta Luján”

Mejor conocido como “Fantasmita”, o como “Don Andrés”, es quien escribió con letras de oro su nombre, eterno, en la memoria de los españoles y del mundo entero.

Pienso yo, que él es alguien importante y digno de efeméride; intentaré explicarles porqué.

Por más de 16 años, el nacido en Albacete defendió la camiseta blaugrana, donde llegó a ser parte del conjunto que logró hazañas jamás soñadas para el público catalán, ni para el país ibérico.

Enlistar su palmarés sería transformar este tambaleante artículo de opinión en un post de Wikipedia, por lo cual lo omitiremos, señalando solamente que cuando se dice que Andrés Iniesta lo ganó todo, es TODO.

Todo…menos uno.

Lo único que no alcanzó a levantar como suyo, fue el legendario Balón de Oro, el reconocimiento como el mejor jugador del planeta entregado anualmente por la revista France Football.

El gran ausente en la lista de leyendas que han alcanzado este galardón.
Le tocó ocupar el podio por este premio en única ocasión, durante la premiación del año 2010, en donde compartió las primeras posiciones con sus compañeros Lionel Messi, y Xavi Hernández.

Triada de míticos héreos o villanos, según los colores de tu jersey.
Compañeros los tres, bendición y lástima.

Bendición poder confesarme sin la menor culpa como (posiblemente ya lo infirieron) hincha del Fútbol Club Barcelona, y como apasionado seguidor que se enamoró del equipo de Ronaldinho, de Puyol y compañía y que pudo ver a estos otros tres magos del balón levantarlo TODO.

Lástima, porque debo confesarme inconforme.

Con la vida, con el deseo, con este ser arrojado a la existencia, con la muerte, con TODO.

Me pica por debajo de los huesos este oxígeno que respiro, me inquietan las luces de la noche y el silencio de las galaxias.

Lástima tener que padecer del habla, y nombrar, y cuestionar las cosas que amo, y vaya que admiro el juego que se reinventó en Cataluña.

Lástima, tener que reconocer que Lionel, lo más cercano que tengo a la experiencia religiosa, no dejó brillar con plena luz a los dos españoles. El enano era un sol inmenso, Andrés y Xavi, ambos dos eran estrellas de extraordinaria densidad, y al deslumbrar todos juntos, nos cegaban en gozosa manía.

No le quito por razón absoluta ninguno de sus méritos o galardones al argentino, pero Iniesta, el Fantasma, merecía el empate en primer puesto, al menos en una ocasión.

Y miren que no es poca cosa, poder decir, aún con los balbuceos que puedan llegar, que alguien se encuentra en condición de comparar su brillante despliegue con el talento de alguien como Lionel Messi, es de por sí un atrevido movimiento, se hable de Iniesta, o incluso del propio Ronaldo.

Aquí es donde, por más que lo intente, no me voy a poder ocultar de la que a todos alguna vez nos mantuvo despiertos por la noche “¿Qué hubiera pasado?”.

¿Qué hubiera pasado si estos astros llegasen a haber brillado en sus propios universos?

¿Qué hubiéramos visto de no haber sido cegados semana a semana?

Aquí es donde buscaré contestarme, y de paso aprovecho para responderles a ustedes, entre mis tropiezos.

Tendré que desempolvar la aún relevante pregunta sobre ¿Quién fue el mejor jugador del mundo en la época 2008-2015?

Hasta el momento, la discusión ha tenido solamente un par de protagonistas cuyos nombres suenan familiares incluso a quienes no comparten gusto por este juego, por supuesto dos de las más colosales estrellas en la historia del deporte, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.

Sin embargo y por sólo un momento, imaginemos mundos alternos donde en equipo A reinara el talento de un argentino, en equipo B el de un chaval español, en C uno más y por supuesto en el enorme Madrid, la mejor versión de Cristiano.

En este hipotético, domingo a domingo, cada un y por propio pie marcarían su camino como las indiscutibles figuras sobre el césped, regalando al incrédulo piruetas técnicas de magia y fantasía que conmueven o destruyen.

Pensemos el discurso que se tendría entonces para decidir al mejor jugador del mundo en una época donde proliferasen estos talentos titánicos, distinguibles por propia voz, y que en nuestra realidad hemos acostumbrado a entonar al limitante sonar del “Messi-Ronaldo”.

¿Sería binaria la conversación ahora?

O acaso, ¿Se tendrían que incluir a la dupla española en la conversación?

Apuesto por la segunda alternativa.

Entonces, podríamos bien decir que hemos visto pasar una época dominada por jugadores de los cuales se tendrá que discutir y volver a discutir por tanto rueden balones en el planeta; y aparentemente, incluso esta posibilidad se logra pensar cuando por primera vez en muchos años, no lo hacen.

Pienso que hemos tenido, si bien no la conversación incorrecta sobre quién ha sido el mejor jugador de esta época (Messi-Cristiano, Cristiano-Messi), sin lugar a dudas ha sido una charla incompleta. Quizás por eso nadie aún ha logrado resolverla.

La visión de campo, los atributos físicos, y el toque clínico con el balón, que permitieron el gol en el polémico partido contra el Chelsea en 2009, o las incontables asistencias a Leo, la jugada en la final de Berlín que como tantas otras del astro resaltaban el talento de su equipo, incluso tomando el mando cuando la corriente los tenía contra las cuerdas, el liderazgo característico del español y un extenso listado de cualidades más, (por supuesto, como cereza del pastel el gol contra Holanda en 2010), hacen posible imaginarlo vestido de gala y de gloria en lo más alto, con un Balón de Oro. Y sobre esta colina estoy dispuesto a morir.

Andrés Iniesta, el cerebro detrás del mítico Barcelona del sextete, y la zapatilla que le dio su primer mundial a la “Furia Roja”, está de cumpleaños.


Y le celebro con esta efeméride.

Diciéndole a Don Andrés lo enorme que es, pero que, a mis ojos como a la vista de miles, incluso tal grandeza se queda corta de lo que la historia del fútbol le debe y le merece.

Agradezco haber nacido en el planeta que logró iluminar, independiente de las constelaciones estelares que alcanzó a formar.

Sin duda queda un sentimiento especial después de que se escribe sobre los héroes y los villanos en cartulinas fosforescentes.

Esta edición de las efemérides dio su última pirueta, le receto una charla más inteligente y un Pepto-Bismol o Dramamine para reducir el mareo producido por las turbulencias y tambaleos aquí presentados.

Espero poder discutir más efemérides fuera de forma, tono y sentido con ustedes en el futuro.

Aproveche el resto del día para pensar en que tan inconforme se siente usted con respecto a la vida y la muerte, o bien, póngase a disfrutar uno de mis remedios favoritos para este malestar, pasar un rato discutiendo del buen fútbol. Estoy seguro que no le será difícil encontrar con quien hacerlo.

P.D.

Aquí hablamos de los muchos logros deportivos de Andrés, tanto de los alcanzados como de los ausentes, otra fecha y efeméride tendríamos que inventar para darle su espacio a las batallas que ha logrado fuera del campo e incluso dentro de su propio espíritu al sobrellevar la depresión.

Don Andrés, al parecer nos va a dejar con mucho por escribir. Quizás el próximo año lo visitemos de nuevo.

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