El turismo de hoy

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Se me podrá acusar de tratar con una minoría selecta de la ciudad, pero la verdad es que hasta el día de hoy no conozco a nadie que se encuentre interesado en adquirir una de las nuevas y lujosas viviendas que se construyen a diario en el puerto. Esto debería de tener preocupadas a las empresas de bienes y raíces que construyen sus complejos residenciales aquí, pues resulta extraño que nadie de los que al menos yo conozco esté interesado en lo que ofrecen.

Cada vez que regreso al puerto a visitar a mi familia en vacaciones me sorprenden por lo general dos cosas, han terminado de construir el feo edificio de las vacaciones pasadas y han comenzado a construir otro edificio aún más feo que el anteriormente mencionado.

Pero no hay de qué preocuparse, lo que debemos ver aquí es una nueva oportunidad de negocio para la ciudad. Sabemos que nuestra economía gira en torno al turismo y que esto se debe en gran medida a nuestras paradisíacas playas, pues bien lo que yo propongo es que la Secretaría de Turismo tome estos edificios tan horribles como atractivo turístico de la ciudad, procedo aquí a explicar mi idea.

Lo primero es tomar los edificios como patrimonio cultural de la ciudad, a los turistas les encanta esto, aunque ninguno de ellos tenga idea lo que significa. Después procedemos a poner guías de turistas en nuestro recorrido por los condominios residenciales más feos e inútiles de la ciudad. Los guías de turista dirían algo como “Aquí pueden observar parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad, su falta de sentido urbanístico y su transgresión a las áreas naturales protegidas los convierte en piezas invaluables de apreciación no solo de nuestra ciudad sino del país”. Los guías de turistas podrían proceder a mostrar a las personas a los únicos especímenes capaces de vivir en tales lugares “Norteamericanos jubilados” miren ustedes llevan siete años viviendo aquí y lo único que han logrado decir en español es “un coca cola por favor”. Por último los visitantes podrán tomarse una foto del recuerdo en uno de estos edificios y no la típica foto en traje de baño en la playa.

Incluso he llegado a tener algunas ideas aún más ambiciosas para el futuro. Cuando Puerto Vallarta se encuentre consolidado como un importante destino turístico por su patrimonio arquitectónico y no como un simple destino de playa podemos ampliar aún más el número de edificios inútiles, podríamos tirar abajo la el caballito de mar pues ya todos lo conocen y no tendría nada novedoso para nuestro destino, en su lugar construimos una gran plaza comercial, de esas a las que nadie va y donde venden ropa para el frío.

Podemos incluso tirar los arcos del malecón y en su lugar construir un gran edificio con grandes cuartos y muy costoso. Pero por sobre todas las cosas recordemos que estos edificios deben tener teja roja en el techo y pintar de blanco sus fachadas, lo último que queremos es transgredir la memoria arquitectónica de la ciudad.

Así podría lucir Puerto Vallarta, dentro de unos años. Con más departamentos feos, que playas.

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