Ficciones

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Por Imanol Vazquez, Edición digital de Espacio Pv.
Egresado de la licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana Campus León, Imanol nos invita a ver las vida y la cotidianidad desde una perspectiva filosófica y metafórica.

Extraño ir al cine; o mejor dicho, extraño algunas cosas de cuando iba al cine. 

Extraño, para empezar, el poder optar cualquier día de la semana para salir por la tarde a comprar una entrada para ver una película con otros doscientos extraños sin preocuparme mucho por dónde han estado sus manos. 

Extraño el aroma a palomitas, extraño caminar hacia la sala por el pasillo, como una especie de túnel que paso a paso te aleja del mundo real, con sus propias limitaciones y problemas, para transportarte a otros mundos donde todo es posible. Posiblemente extraño abandonar por un rato la realidad del mundo. 

Aunque por otro lado, no lo extraño todo del cine. 

Mi vida es significativamente más llevadera sin el niño de 7 años pateando mi asiento, no extraño la peste del hotdog y los nachos en la sala, no extraño pagar treinta y cinco pesos por una botella de agua, y no extraño los gritos emocionados de la gente intensa a media función. 

Esto último no lo extraño, porque de alguna manera me sigue pareciendo presente. 

Lo encuentro en la manera en la que dentro de toda esta reclusión y distancia (#quédateencasa), hemos encontrado la manera de seguir ejerciendo la tan importante labor de la cual emana el esfuerzo mismo por gritar con emoción cuando Capitán América toma el Mjolnir en sus manos. 

Es un papel clave en todos los dramas o las tragedias, y que hemos desempeñado por milenios desde los banquillos de Cinépolis o las escalinatas del Ágora. 

Cuando en el teatro de la Grecia antigua el héroe caía abatido, no era sólo el poder de los dioses lo que lo levantaba de nuevo en el escenario, era el poder del canto que declamaba el célebre coro griego, que ejercía el papel del propio espectador en medio del drama, y con su entonación hacía “real” la victoria o la caída del héroe. 

Si el coro lo cantaba, el público lo sentía. 

Peculiar dinámica esta que hemos aprendido a reproducir, la de formular realidades en tonos, músicas e imágenes, que luego forman historias, después las mejores historias se tornan en mito y leyenda, para que a su vez los mitos más importantes, se transformen en magia, creencia y religión. 

Entendiendo, por tanto, que los mitos son poco más que las historias que decidimos contarnos una y otra vez hasta que o bien, optemos por creerlas, u olvidemos la metáfora que les daban sustento para después (sin intención determinada, guiño, guiño) confundirlos con esa peculiar palabra de la “verdad”.

De ninguna manera estamos aquí descubriendo el agua tibia, resultaría muy sencillo confabular una serie de lista con los mitos más significativos de la antigüedad, bien podríamos recordar la historia de Adán y Eva, las leyendas de la creación del mundo en todos los pueblos de la tierra; sin importar si primero fue la luz, el Big Bang, o si los hombres fuimos esculpidos con maíz, invariablemente hemos optado por generar historias que nos convencen de un sentido común de identidad y redención ante un cosmos indiferente. 

Como las historias de algunos salvadores nacidos de madres vírgenes con el poder para renacer al tercer día de su muerte, ya sean Horus, Jesús de Nazaret o Mitra (o Gokú), hemos cantado sus vidas y sus muertes hasta hacerlas realidad. 

Demasiado simplista sería nuestra postura si se fuese a contentar tan sólo mirando con reproche los modos del pasado, sobre todo cuando buscamos el momento de hablar de los males que a poca sorpresa nos hacen cojear sobre la misma pata en nuestros tiempos. 

Los miles que acuden a gritar en los infames Rallies de Trump, el poder de la protesta pública en las calles de Chile; pueden ser ejemplos del poder que aún ejerce el fuerte cantar sobre la transformación de creencias y realidades, pero existen cantares más antiguos, que han podido instaurarse en el credo popular a tal grado que pueden asumirse reales sin que necesariamente se les cante como tal en todo momento. 

Uno (de los muchos) de estos, es el que comenzó a sonar por ahí de 1859, a garganta de Edwin Drake y compañía, cuando en un pequeño condado de Pensilvania, se apresuraron a pregonar la historia del mítico y legendario oro negro que surgió de entre lo más profundo del magma y el subsuelo para traer regalos de abundancia, gloria y a los hombres paz. 

La verdad del petróleo como el capital más costoso e importante para la economía global, por varias décadas permaneció sólido como una verdad estructurante de los dispositivos mercantiles, políticos y sociales en la época moderna y posmoderna. 

Pero tarde o temprano, como la historia (amarga maestra) nos suele mostrar, no ha existido hasta el momento ningún mito, religión o imperio que resista intacto el paso de los años. 

Después de casi 200 años, nos vamos dando cuenta de lo caro que puede salirnos pretender alimentar Dos Bocas en un tiempo de vacas flacas, por más que se cante lo contrario. 

Hemos visto en los últimos días lo más evidente de esta “nueva realidad” con la caída en el precio del petróleo a niveles históricos, determinado este valor efectivamente por la poca movilidad a nivel internacional, encontrando esta casi nula rentabilidad del crudo una relación directa con la pandemia global en curso. 

Slavoj Zizek, en su reciente artículo dentro del compendio “Sopa de Wuhan” (ampliamente recomendado), habla sobre las distintas especulaciones que se han tenido con respecto al impacto que la crisis actual pueda tener sobre los órdenes políticos, tanto para el régimen Chino, como para las economías de occidente, empleando una interesante analogía: 

En la escena final de ‘Kill Bill 2’ de Quentin Tarantino, Beatrix deshabilita al malvado Bill y lo golpea con la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” el golpe más mortal en todas las artes marciales. El movimiento consiste en una combinación de cinco golpes con la punta de los dedos a cinco puntos de presión diferentes en el cuerpo del objetivo. Después de que el objetivo se aleja y ha dado cinco pasos, su corazón explota en su cuerpo y caen al suelo…la epidemia de coronavirus es una especie de ataque de la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” contra el sistema capitalista global, una señal de que no podemos seguir el camino hasta ahora, que un cambio radical es necesario”. Zizek (2020).

Sin embargo, en años recientes, se ha contemplado uno de los posibles “pasos” que el sistema económico podría tomar, incluso anteriores a este gran golpe. 

El posicionamiento económico del llamado oro negro, ha visto crecer frente a sus propios ojos a un nuevo y fuerte competidor que llegó a “golpear” a su vez la leyenda del petróleo como el bien más rentable en el mundo, esté siendo inoloro e incoloro, el “Big Data”. 

No es coincidencia que Jeff Bezos sea el hombre más rico de la historia humana, sobrepasando por muchos billones a los antiguos y orgullosos petroleros, y posiblemente, ante el aumento de las demandas para los servicios en línea, y el necesario cambio en las distintas instituciones optando por la elección de espacios digitales, podría llegar a hacer a este nuevo oro-incol-oro el verdadero y posiblemente único ganador del golpe letal que llegó a manos del Coronavirus. 

¿Alguien cantará su victoria? Seguramente. 

¿Haremos real la muerte de los antiguos sistemas? Posiblemente. 

¿Qué pasaría si pensando que hemos matado a la hidra, solamente la hemos decapitado un par de veces más? 

No estoy seguro si este sea un golpe mortal al sistema capitalista de raíz, una posición realista podría ser el entendimiento de que este momento de transformación geo-política y económica, exigirá que el esfuerzo humano, invariablemente, sea llevado una vez más a horizontes poco explorados. 

Ya lo he dicho antes. Estamos en un momento histórico que posibilita e invita a la creación nuevos mitos. Me pregunto ¿qué se habrá gritado como real por el coro una vez que todo esto termine? ¿Cómo se verán las figuras y las representaciones que tendrán los nuevos mitos? 

Estoy seguro que los veremos en todas las pantallas, lo que desconozco, es que si la cara que se tome como héroe en este nuevo escenario será la de un nuevo y esperanzador personaje, o si será una de las caras familiares que prontas se han visto en reclamar el valor del miedo como moneda de cambio para vender o comprar humos y pantomimas de grandezas y “Reichs” de mil años. 

Espero poder confiar y querer apoyar a quienes se unan a cantar verdaderas las voces de su voto en el mundo post-Covid. 

Decía que siento cercano el cantar del coro que he conocido en el cine, ya que lo escucho de nuevo, afinando garganta para un nuevo pregonar. 

Sólo espero que pueda diferenciar entre la mera apariencia de la pantalla y esa peculiar palabra de la “verdad”.

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