La polarización política en México: De chairos y fifís.

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Por: Adrián Olea, edición digital de Espacio Pv.

La política nos guste o no, tiene un papel relevante debido a que gran parte de las medidas y decisiones que toman los grupos en el poder (partidos y políticos) repercuten directamente en la vida en sociedad. Una sociedad que hemos de recalcar, está divida.

Nuestro país mantiene una brecha ya sea por cuestiones políticas, ideológicas, religiosas o económicas. Pero en este momento solamente abordaremos la división política, esa que tiene dos flancos bien delimitados: los chairos y fifís.

Para empezar hemos de recalcar que ambas posturas tienen un gran sesgo ideológico: la primera se encarga de defender a la actual administración hasta el cansancio y la segunda a criticarla. Unos no ven los errores, los otros son incapaces de ver los aciertos.

El problema con el odio y la discusión que se da entre los que están a favor o en contra del presidente es que no lleva a ningún lado, no sirve para debatir, no sirve para construir, pero para lo que si sirve es para dividir.

Las ideas pierden importancia cuando el diálogo se enfoca en minimizar al otro, cuando solo importa con quién o contra quién estás.

La polarización política puede ser redituable para los partidos sin importar siquiera si los enemigos proclamados son reales, lo que queda claro es que esta es una estrategia basada en la pereza intelectual que se enfoca en generar categorías vacías de contenido que tienen por objetivo minimizar la opinión del otro para ahorrarse el esfuerzo de pensar y analizar las problemáticas, lo que impide generar un diálogo que nos lleve a soluciones.

Como lo menciona Ricardo Raphael “Chairos y fifís son almas comodinas que han mandado su inteligencia de vacaciones para masturbarse en la hamaca de sus prejuicios más preciados”. Anular el diálogo del otro solamente porque es contrario a la propia ideología política es una moda que responde a la tendencia de convertir los asuntos de interés público en un espectáculo por ver quién tiene la “razón”.

¿Qué importa?, dividir la realidad de forma binaria es demasiado cómodo, pero ¿en serio todo es una división? ¿de ese nivel esta la calidad de la argumentación en la política actual?, si es así, deberíamos preocuparnos y mucho, pues la división entre “ellos y nosotros” no es útil en un país que aspira a una transformación.

Debemos fomentar la pluralidad de ideas y el debate no visceral, pues cuando caemos en la tentación de utilizar la descalificación como argumento, alimentamos la polarización y en última instancia, la intolerancia a la crítica.

El uso de términos como “fifís” y “chairos” no aporta nada importante a la discusión pública, pero si abona a la confrontación social. Tanto el mundo como la política no responden a una situación binaria en donde todo es blanco o negro, sino que existe una amplia gama de colores.

La realidad política de México no cabe en dos posturas.

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