La (silenciada) lucha por el ambiente

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Por: Adrián Olea, edición digital de Espacio PV

Nota: Este escrito va dedicado a aquellas personas, organizaciones, comunidades o grupos que han encaminado sus esfuerzos a defender el ambiente, especialmente a los que han perdido la vida en su defensa.
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Antes para poder hablar de deterioro ambiental nos remitíamos a temas de contaminación o deforestación en un ámbito local, el daño provocado a la naturaleza tenía causas y repercusiones locales (o eso suponíamos), pero ahora sabemos que las acciones locales tienen consecuencias globales, y las consecuencias que nos han tocado no son nada gratas.

El deterioro ambiental que afecta al planeta ha escalado de manera vertiginosa, la sobrepoblación, la explotación y el consumo excesivo de recursos han llegado a tal nivel que hemos agotado los recursos disponibles del planeta para un año ¡en tan solo 7 meses! Y aún ante este panorama desolador hay organizaciones e individuos que se animan a alzar la voz, para defender las comunidades de la explotación, para proteger sus tierras, sus hogares. Pero en México alzar la voz parece no ser suficiente.

La lucha por proteger el ambiente se ha vuelto cada vez más sangrienta. Según lo reportado por la organización internacional Global Witness en nuestro país 14 activistas fueron asesinados en 2018, situándose así como el sexto país más peligroso del mundo para los ambientalistas y, aunque el año anterior México se posicionaba como cuarto lugar, el hecho de pasar a sexto no quiere decir que la situación mejoro sino que se intensifico en otros países como Filipinas y Colombia.

Se estima que el 80% de los activistas ambientales asesinados son de origen indígena, un dato que no es extraño puesto que gran parte de las minas, cuerpos de agua y biodiversidad del país forma parte de su patrimonio, situación por la que comúnmente vemos grupos indígenas en conflicto con el Estado y la iniciativa privada a causa de la implementación de proyectos sin el consentimiento de la población.

Para ilustrar el conflicto entre industrias y comunidades indígenas basta ver el caso de Julián Carrillo, indígena rarámuri, líder de la comunidad Coloradas de La Virgen, en la Sierra Tarahumara, firme opositor de las concesiones mineras otorgadas para explotar las tierras del Estado de Chihuahua. Su oposición le costó el asesinato de cinco miembros de su familia y el incendio de su casa. Para posteriormente recibir múltiples amenazas de muerte y morir acribillado, para ser exactos el 24 de Octubre de 2018 (¿algún lector sintió este párrafo muy sofocante en cuánto a eventos trágicos?, pues imaginen como se sienten los activistas ambientales día con día).

El asesinato de Julián representa parte del panorama al que se enfrentan los defensores del ambiente en todo el país: un mecanismo de protección gubernamental incapaz de proteger a los activistas de zonas rurales y un mecanismo de justicia obsoleto que da puerta abierta a la impunidad y vuelve intocables a quienes silencian.

Pero no todo tiene que ver con industrias privadas, ¿alguien se acuerda del NAIM? Sí, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México cuya construcción fue cancelada por AMLO. ¿Recuerdan como la opinión pública y la prensa se enfocaba exclusivamente en la consulta popular? ¿A nadie le preocupaba de donde sacaban la tierra o la piedra para rellenar el terreno? ¿No? No los culpo, el tema no formo parte de la discusión primaria en lo que respectaba al aeropuerto.

Bueno, el ingeniero Jesús Javier Ramos Arreola fue un activista opositor a la construcción del NAIM, cuya vida fue interrumpida por un disparo mientras estaba en su casa. ¿Su error?, proteger el cerro del Tenayo que estaba siendo explotado para obtener material pétreo para la construcción del aeropuerto. Y aunque el asesinato de Javier es trágico, solo es una parte de una serie de agresiones que ya estaban siendo efectuadas contra los comuneros del Lago de Texcoco ¡desde el 2002!, cuando Fox anuncio la realización del proyecto aeroportuario (y los medios súper preocupados por una “consulta popular”).

Podríamos seguir narrando historias de activistas asesinados, conflictos entre comunidades y gobierno o industrias, pero prefiero finalizar el escrito aquí, presentando la lista de activistas mexicanos asesinados reportados por la organización Global Witness (de la lista originalmente publicada he omitido a Sergio Rivera que se encuentra en calidad de desaparecido).

¿Razones para publicar la lista? Creo que vale la pena recordar a aquellas personas que han luchado para evitar que se exploten indiscriminadamente los recursos de nuestro planeta:

* Abraham Hernández González, por defender los derechos de los pueblos indígenas.

* Adrián Tihuilit, por oponerse a la construcción de una hidroeléctrica.

* Guadalupe Campanur, por defender los bosques de Cherán.

* Janeth González López, por colaborar en el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui.

* Jesús Álvarez Chávez, por defender el territorio en la comunidad de Nurio.

* Jesús Javier Ramos Arreola, por oponerse a la construcción del NAIM.

* Joaquín Díaz Morales, por luchar contra la tala ilegal.

* Julián Carrillo, por defender a los rarámuris y la Sierra Tarahumara.

* Manuel Gaspar Rodríguez, por oponerse a las minas a cielo abierto y a la subestación de la CFE.

* Margarito Díaz González, por defender los sitios sagrados del pueblo huichol.

* Noel Castillo Aguilar, por luchar contra el despojo de territorio a pueblos indígenas.

* Quintín Salgado Salgado, por denunciar los abusos de la minera canadiense Media Luna.

* Rolando Crispin López, por defender territorio que la empresa eólica Mareña Renovables pretendía adueñarse.

Por su constante esfuerzo, en la (silenciada) lucha por el ambiente…

Informe Global Witness

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