No me olviden falto yo. Esmeralda Castillo Rincón.

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Por: Adrián Olea, edición digital de Espacio PV.

Han pasado días desde que las marchas en contra de la violencia de género y feminicidios fueron llevadas a cabo en diversos puntos del país, Puerto Vallarta no fue la excepción. La ola de violencia en la que está inmersa la población parece no acabar, para colmo los medios parecen estar más preocupados por las paredes rayadas que por los delitos por los cuales se alza la voz.

Respecto a la marcha llevada a cabo en nuestro municipio cierto noticiero OPINA que “Feministas marcharon EN ORDEN; no hubo pintas ni destrozos”, como si lo relevante de la movilización fueran los destrozos y no la lucha contra la violencia de género que azota a nuestro destino. La cobertura mediática de las marchas carece de interés en el trasfondo, lo que vende son las pintas, los destrozos, el amarillismo. Se enfocan tanto en lo secundario que dejan de lado las historias detrás de cada pancarta.

Detrás de cada pancarta hay historias, detrás de cada grito hay relatos: de indignación, inseguridad, impunidad. Desafortunadamente a veces las historias quedan opacadas por los sinsentidos que inundan las redes sociales, pero hoy nos tomaremos el tiempo de rescatar una, porque conocer las vivencias de las personas nos ayuda a empatizar, comprender el porqué de alzar la voz. Y aunque esta no es una historia local, para nada es lejana a nuestra realidad.

Durante la marcha realizada en Ciudad Juárez, Chihuahua como parte del movimiento #nomecuidameviolan, un hombre se encontraba lanzando diamantina rosa mientras pedía que no se olvidaran de su niña, el momento fue captado en fotografía y publicado en redes sociales. Cientos de burlas, memes y críticas fueron dirigidas a José Luis, el señor que había lanzado la diamantina. Mientras unos se mofaban otros se preguntaban lo que la diamantina representaba.

José lanzo diamantina para pedir por la localización de su hija Esmeralda quien desapareció en 2009 a la edad de 14 años. Lanzo la diamantina por una década imparable de búsqueda que lo llevo a vigilar bares de la frontera norte del país exponiendo su vida. Lanzo la diamantina para que no olviden a su niña, para que no olviden su lucha.

A lo largo de diez años y a pesar de que han sido perseguidos y revictimizados, los padres de Esmeralda (José y Martha) siguen presentándose en marchas y foros para exigir a las autoridades la aparición de su hija.

José conoce los riesgos que implica exigir justicia. En 2011 increpo al gobernador César Duarte en la inauguración de la Fiscalía Especializada para la Atención a Delitos Contra la Mujer y misteriosamente en 2012 fue encarcelado con cargos falsos, aunque a los meses fue liberado.

En 2015 a Martha y José les fue entregado un hueso que según los análisis correspondía a su hija. Imaginen buscar durante 6 años a un ser querido para que al final te entreguen un hueso sin ninguna explicación más, como si el dolor y la angustia no significaran nada.

Hoy en día la búsqueda de la joven continúa, pero debido al estado de salud de Martha, José encabeza la batalla para saber el paradero, también lucha por poner un alto al acoso, los feminicidios y desapariciones.

Desafortunadamente mientras se siga dando mayor atención a los destrozos materiales que a las miles de víctimas, el problema seguirá estando presente (espero nadie venga con su meme de “falsa equivalencia”, vamos hagan el esfuerzo intelectual pueden generar mejores argumentos que si valgan la pena refutar).

Sabemos que el caso de Esmeralda es uno de los tantos que existen en México, casos silenciados, impunes.

Vale la pena luchar por un país en el que ningún padre tenga que vestirse de “teporocho” para buscar a su hija fuera de un bar. Vale luchar por un sistema de justicia que no solo entregue huesos, sino que proporcione respuestas.

– Dibujo de Diana Martínez.
– Fotografía Ivanna Leos

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