No se olvida ni se debe de olvidar…

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Por Apolinar Jauregui, edición digital de Espacio Pv

El día de hoy se cumplen 51 años de aquella noche fatídica en la plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México, esa noche Tlatelolco vio cómo se mezclaron entre los monumentos históricos, el pavimento y la lluvia la sangre de los estudiantes mexicanos que luchaban por mejorar sus condiciones de estudio y reclamar por los recientes abusos de la autoridad en diversos planteles de la Ciudad de México que sería bueno rememorar aquí:
Como consecuencia de los movimientos estudiantiles que se desarrollaron en diferentes partes del mundo, en México existían las condiciones necesarias para que la población se volcara a reclamar sus derechos. En julio de 1968 comenzaron algunos reclamos debido a la exigencia de la libertad de los presos políticos y de respeto de autonomía universitaria. Esta exigencia inició por parte de los estudiantes de la UNAM, a quienes más tarde se les agregaron los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional.

Uno de los reclamos de los estudiantes de la Ciudad de México era el autoritarismo que el gobierno priista del presidente Díaz Ordaz; que se vio reflejado el 22 de julio del fatídico año cuando un grupo de granaderos ingresaron a la Vocacional número 5 del Instituto Politécnico, además de reprimir una riña entre alumnos de la preparatoria particular Isaac Ochoterena. Además de irrumpir en los institutos Vocacionales 2 y 5 donde golpearon y reprimieron de manera violenta a estudiantes y alumnos.

Consecuencia de esto se agregaron sindicatos y asociaciones de maestros a apoyar el movimiento que para septiembre ya había formado el Consejo Nacional de Huelga con el pliego petitorio siguiente:

– Libertad de todos los presos políticos.
– Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal.
– Desaparición del cuerpo de granaderos.
– Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías.
– Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.
– Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos

Para el dia 2 de octubre se convocó a una manifestación masiva en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. La manifestación estaba en un contexto bastante tenso, sin embargo se llevó a cabo, a pesar de que estaban próximos a iniciar en diez días los Juegos Olímpicos. Una vez iniciado el mitin, los oradores comenzaron a hablar cuando un helicóptero del ejército mexicano dejo caer una bengala verde. Esa bengala sería el inicio de la pesadilla para los asistentes al mitin. Militares, paramilitares y francotiradores alojados en el edificio Chihuahua comenzaron a abrir fuego de manera indiscriminada contra los (aproximadamente) 5 mil manifestantes.

Un grupo paramilitar que se identificaba como Batallón Olimpia fueron los principales operadores de esta masacre, estos estaban identificados con un guante blanco y se encontraban infiltrados entre la multitud vestidos de civiles. Se argumentó una agresión directa contra los militares y éstos repelieron contra los estudiantes, los supuestos atacantes.

La cifra oficial fue de 20 muertos y el discurso desde el gobierno de Díaz Ordaz fue de un pleno orgullo de haber realizado esos actos que en realidad fueron una masacre hacia los estudiantes que exigían sus derechos fundamentales en sus escuelas y también modificar las actitudes autoritarias del gobierno. Los testimonios que se pueden encontrar en diferentes videos en plataformas como YouTube nos hablan de la impotencia y el terror que los estudiantes vivieron en ese momento donde los ríos de la lluvia que caía sobre esa noche en la Plaza de las Tres Culturas se tiñeron de rojo por la sangre de todos aquellos que murieron.

Sin duda el mayor acto de rebeldía, de desobediencia y de resistencia es NO olvidar lo sucedido, no deslegitimar a los movimientos sociales actuales, NO olvidemos que los estudiantes fueron un parteaguas en los derechos políticos y de manifestación en México. Su sangre, su asesinato y su masacre no deben quedar en el olvido. Ni perdón, ni olvido, ni justificación a los actos asesinos del gobierno.

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