Presidente de Nicaragua no ha sido visto en casi 4 semanas, en medio de crisis, lo que provoca mucha tensión

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La última vez que se le vio fue el 12 de marzo en una reunión virtual con los presidentes de los países miembros de Sistema de Integración Centroamericana (SICA), en la que conversaron sobre cómo enfrentar la pandemia de coronavirus.

“La ausencia de Ortega, combinada con una política de secretismo, causa que las personas no estén seguras de nada; esto aumenta la ansiedad que la ciudadanía está viviendo ante este evento sin precedentes. Es en estas situaciones que los países necesitan un liderazgo confiable y aquí ese liderazgo está ausente”

dice Eduardo Enríquez, jefe de redacción del diario local La Prensa.

Todos los días su esposa y vicepresidenta de Nicaragua: Rosario Murillo, informa del avance del coronavirus en el país a través de canales oficialistas y solo brinda pocos detalles. Además, en medio de poemas y versículos bíblicos, les recuerda de la existencia de Ortega a los nicaragüenses.

Según los reportes del Ministerio de Salud, en Nicaragua se confirmaron cinco casos de covid-19, de los cuales uno falleció y otro fue dado de alta, sin embargo esta cantidad se pone en tela de juicio debido a la ausencia del mandatario.

El peor país en Latinoamérica en tratar el coronavirus. “Caldo de cultivo” para el desastre

El Gobierno de Nicaragua a pesar de las advertencias de la Organización Mundial de la Salud no ha tomado medidas preventivas para evitar el contagio.

  • No ha suspendido clases en ningún nivel educativo.
  • No ha puesto restricciones en las fronteras
  • No ha prohibido eventos masivos
  • No ha declarado ningún tipo de cuarentena

Al contrario, ha tomado medidas sin sentido, como el 14 de marzo, al convocar a una marcha llamada “Amor en tiempos del Covid-19” para “combatir” la pandemia, a la cual asistieron funcionarios y partidarios del Frente Sandinista.

Además, contraviniendo las recomendaciones de la OMS de quedarse en casa, Rosario Murillo anunció el mes pasado que funcionarios del Ministerio de Salud realizarían visitas a domicilio para “informar” a los habitantes sobre el Covid-19. Según la vicepresidente, han visitado más de 700,000 hogares.

A pesar de todo este desastre organizacional, los nicaragüenses han decidido cuidarse por cuenta propia.

Muchas madres y padres de familia han decidido no llevar más a sus hijos a la escuela, y, ante la inasistencia, el gobierno manda a los maestros a que visiten a los padres para que envíen a sus hijos a clases. 

Muchos universitarios también se han rebelado y han optado por no asistir a clases. “No me importa perder el año, pero la vida no se recupera”, dice un alumno de la Universidad UNAN-Managua.

“No es poco común que Ortega no aparezca en una crisis como esta. La estrategia de Rosario Murillo es convertirlo en una especie de deidad. Él no sale a dar malas noticias. Ortega no aparece más que para dar buenas noticias, instrucciones finales, lo demás lo hacen otros”, afirma Eliseo Núñez, analista político.

Tal fue el caso en 2017 y 2018, el primero cuando la tormenta Nate dejó 16 muertos, nunca se le vio, y el segundo donde apareció hasta cuatro días después de iniciadas las protestas en contra de su gobierno, después de asesinados más de 30 manifestantes.

Mientras Ortega sigue encerrado, Murillo cada mediodía anuncia inauguraciones de proyectos, ferias, ofertas turísticas para visitar en Semana Santa. 

El colmo.

Y los nicaragüenses buscan la manera de protegerse para lo que viene…

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