Sodoma, Gomorra y Justicia ciega.

El Arenero

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Al mero canto del boricua Pit-bull Que no pare la fiesta, don’t stop the party! así ha sido la vida en Vallarta desde la pequeña apertura a la actividad turística, y es que si fueron unos cuantos meses de encierro y de que nadie venga, pero también de poco o nada sirvió, porque ya cuando se les dio la oportunidad a los restaurantes de trabajar, a los antros de sonar y a los hoteles de hospedar, estos fueron los que dieron rienda suelta a la oportunidad de recuperar lo no ganado o lo perdido en aquellos meses de encierro.

Hoteles, superando la capacidad de hospedaje permitida, el malecón mas lleno que licorería en promoción, restaurantes con filas de espera y obviamente los clubes nocturnos y clubes de playa mas atascados que lata de sardinas.

Y es que recientemente se han corrido (no literal) por toda la web, imágenes de cierto club de playa que ha estado implicado en ciertos momentos bochornosos, donde de manera infraganti (en realidad fue muy obvio) una pareja de caballeros fue sorprendida teniendo relaciones sexuales dentro de una alberca-sky donde había más gente.

Y pensaremos, que este club de playa fue cerrado o clausurado por un tiempo, pero pues… no, solo recibió una pequeña multilla pilla. Cosa que no fue del agrado de todo el mundo. Mientras pequeños locales, empresarios y emprendedores temen por su patrimonio, ya que cualquier día podría llegar reglamentos y si llegan a tener tan solo dos personas más del máximo aforo permitido, ellos no se la pensarán y los clausurarán. Por eso todos tienen que seguir las reglas por igual.

Pero entonces. ¿Por qué algunos empresarios se comportan como si pudieran operar de manera normal, como si se tratase del 31 de diciembre del 2019?, tal como se muestra en algunos videos y fotografías de redes sociales.

Y te preguntarás, ¿Ese dichoso club de playa, ya tuvo medidas adecuadas para evitar situaciones así en el futuro? Pues no e inclusive fueron noticia nuevamente ya que hace menos de dos semanas, se mostraron fotos del mismo club de playa y de la misma alberca pero llenos a más no poder, como si se tratase miércoles de mercado de la comer.

Volvemos a preguntar ¿De quién es la culpa? ¿De la autoridad que a veces sólo parece llegar con los que no pueden defenderse? ¿De los empresarios ambiciosos que por más semáforos que tengamos en color rojo a ellos sólo les importa generar ingresos? o ¿De la misma ciudadanía, que sabiendo “la magnitud” de este virus aún prefiere exponerse y posiblemente no sólo contagiarse, si no contagiar a terceros y posiblemente pasando a consecuencias fatales?.

Puños de tierra para todos ellos.

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