Vidal Meza de Mantamar pone en riesgo a la ciudad y la reputación de la comunidad LGBT

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Muchísima fue la controversia cuando hace algunas semanas clientes del Club Mantamar mantenían relaciones sexuales en la alberca de paredes transparentes a plena luz del día, frente a otros clientes y turistas en general, que solos, con amigos o familia los podían ver desde la playa o desde los establecimientos aledaños. Esto no es nuevo, este tipo de “escándalos” por señalamientos similares en este club de playa ya se habían vuelto comunes.

Pero en esta ocasión, una serie de situaciones nos están demostrando que algo pasa con los empresarios de la Zona Romántica a los que parece ya no importarles el sentir de sus vecinos, su propia comunidad, sus clientes, los visitantes, ni mucho menos el gobierno, ya que abiertamente desafían las disposiciones oficiales de tal forma que se muestran indiferentes antes los múltiples problemas que se están presentando.

Se comportan como si las reglas simplemente no aplicaran para ellos: sexo en público, asesinatos, operaciones fuera de horario y fiestas donde no se respetan las disposiciones más básicas de salud y que están provocando que se extienda más esta pandemia que nos afecta a todos directamente en lo económico y en nuestra reputación como un destino seguro en esta pandemia, donde las medidas de higiene son una prioridad.

Y aquí hay algo muy importante, no hay que confundirnos, no estamos hablando de la comunidad LGBT, por ser “LGBT”, ya que esta comunidad como todas las comunidades de las que formamos parte en nuestra ciudad, merecen el mismo respeto que todos, así como también todos tenemos los mismos derechos y obligaciones.

Y aquí es a donde queremos llegar, a las obligaciones de los empresarios que viven de esta comunidad. Muchos de estos empresarios son representados por Vidal Meza, dueño de Mantamar y presidente de ACT LGBT, que es la asociación civil de Comercios y Turismo LGBT en Puerto Vallarta. Esta asociación se jacta de “apoyar el desarrollo de negocios LGBT y de mejorar su imagen entre la comunidad empresarial de Puerto Vallarta, desarrollando estrategias para fortalecer el posicionamiento de Puerto Vallarta como un destino LGBT de clase mundial”.

Nada suena más alejado de la realidad en este momento. Reportes y fotografias muestran todo lo contrario. Invitaciones a disfrutar de tres días de fiesta sin limite en plena pandemia y en la semana de la activación del “botón de emergencia”, historias de Facebook e Instagram que muestran albercas saturadas sin medidas de salud en Mantamar o en The Top Sky Bar, otra de las empresas del Grupo Almar, propiedad tambien de Vidal Meza y su familia, que se ve operando fuera del horario establecido por el gobierno estatal y municipal.

Y mientras tanto, todos los demás empresarios y microempresarios, taqueros, meseros, cocineros y el resto de los trabajadores de Vallarta, tienen que dejar de operar, de trabajar y de llevar el sustento a su casa al respetar la ley y sus disposiciones. Todo por el bien económico de nuestra región y la salud de sus habitantes. Y aquí es donde nos preguntamos, ¿qué esta pasando?

¿Es este un hecho aislado que se limita solamente a una familia de empresarios? o ¿es un reflejo de malas prácticas de un grupo aún mas grande de empresarios de ACT LGBT dentro de la comunidad?

El año pasado, Vidal Meza daba un discurso en Palacio Municipal donde se jactaba de “que en años anteriores llevábamos a cabo protestas y manifestaciones en contra del Ayuntamiento para ser escuchados, sin embargo, con el presidente Arturo Dávalos cambió totalmente la dinámica, ahora ellos se integran al colectivo y nos da mucho gusto”. Pues ahora la situación cambió drásticamente, ya que el día de hoy son los ciudadanos de Vallarta los que protestan en contra de sus malas practicas empresariales y le piden al gobierno que le ponga un alto a estos empresarios antes de que sigan dañando la reputación de nuestro destino y sobre todo de nuestra muy querida comunidad LGBT, comunidad de la que los vallartenses también nos sentimos orgullosos.

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