Viuda eterna

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Dr. Fabio Germán Cupul Magaña edición digital de Espacio Pv

Una de las varias etimologías atribuidas a la palabra viuda es abandono. Los antiguos israelitas consideraban a las mujeres viudas en desventaja social, por lo que establecieron leyes y normas para protegerlas. El pueblo de Israel tomó en serio la situación de desamparo de estas mujeres, tanto así que en el libro bíblico del Éxodo se consigna no molestarlas porque, de lo contrario, el mismo dios Yahvé descargaría toda su ira sobre el infractor al arrebatarle la vida con el hierro de su espada justiciera.

            Es posible que la condición de desventaja atribuida a la mujer viuda sea el resultado de no tener un hombre a su lado (esposo o hijo) para proveerle sustento (alimento, ropa, casa). Criterios de protección similares hacia la viuda eran también practicados por la sociedad azteca al exentarla del pago de tributos, ya que no tenía quien le ayudara a cubrirlos. Sin embargo, la mujer viuda no debe ser sinónimo de carencia, olvido y sufrimiento, ni mucho menos debe sufrir el mismo destino fatal de algunas mujeres indias que, emulando a la diosa Satí (diosa hinduista de la felicidad marital y la longevidad), se lanzaban (voluntariamente; aunque forzadas en ocasiones) a la pira funeraria del marido fallecido para arder junto con él por toda la eternidad.

Juan Carreño de Miranda – La reina viuda doña María de Austria

            A lo largo de la historia muchas mujeres han dejado la condición de viudez al iniciar nuevas relaciones como resultado de situaciones que involucran tanto al amor verdadero como a simples y mundanas uniones de conveniencia. Pero hay otro tipo de mujeres que han optado por ser viudas eternas (de entre estas viudas descarto a aquellas que no se vuelven a casar para evitar la burla y el escarnio social porque, de acuerdo con la idiosincrasia de sociedades como la mexicana, le deben manifestar “respeto” a la memoria del marido muerto) para lograr objetivos específicos en sus vidas.

            Entre estas viudas eternas viene a mi mente la imagen de mi abuela paterna Teresa, quien se mantuvo así por más de 50 años hasta su fallecimiento a la extraordinaria edad de 96 años. Mi abuela se eternizó como viuda para dedicarse completamente a la crianza, cuidado y educación de sus cuatro hijos. Pero esta historia sobre mi abuela no es única, se ha repetido y se repite en millones de mujeres alrededor del mundo que solas emprenden el reto de formarse un provenir exitoso para ellas y sus hijos.

            Lo citado en el párrafo anterior muestra que la condición de viudez puede estimular el florecimiento de capacidades latentes en la mujer que impactan positivamente, no sólo en su ámbito familiar sino en el de todo un país. Como ejemplos de esto último, se tienen las historias de dos mujeres brasileñas, Francisca de Sande (¿?-1702) y Anna Nery (1814-1880), quienes tras el deceso de su respectivos maridos se consagraron al cuidado de los enfermos y heridos, vocación que practicaron con tal nivel de excelencia que son consideradas como pioneras de la enfermería en el país amazónico.

            El ser una viuda eterna es un estilo de vida que han seguido diversas especies de animales. Entre ellos resalta la hembra de una araña conocida como “viuda negra” (Latrodectus mactans). Su nombre común se originó porque cuando se aparea con el macho, si tiene oportunidad, lo atrapará para alimentarse de él. Este comportamiento caníbal de la hembra ha sido exagerado por la cultura popular, porque no siempre el macho muere; por el contario, el macho puede fecundar varias veces a la misma o a otras hembras. Lo que si se ha demostrado es que la habilidad del macho para escapar de la hembra y evitar el ser comido, se correlaciona con el grado de hambre que ésta tenga (ante una hembra muy hambrienta, las posibilidades del escape del macho disminuyen).

Fotografías: Armando Hérnandez de Mundo Salvaje

            Este comportamiento de la “viuda negra” revela un lado oscuro extremo de la condición de viudez dentro de las sociedades humanas. En este contexto social, “viuda negra” es aquella “mujer fatal” vinculada al asesinato de su esposo, el cual fue atraído por sus encantos sexuales (muy similar a la araña hembra en la naturaleza). Esta “viuda negra” por lo general comete su crimen por intereses puramente económicos. Sin embargo, su apetito es insaciable, por lo que vuelve a tejer su red de seducción para atrapar un nuevo consorte y eternizarse en el luto de la viudez.

            Al igual que la araña “viuda negra”, la hembra de la mantis religiosa (llamada así porque el perfil de su figura recuerda la imagen de un profeta de los tiempos antiguos en acto de oración) es un insecto que se proclama como una viuda eterna al devorar sin piedad a su amante en turno. Durante la cópula la hembra decapita al macho. Aunque la práctica del canibalismo de la pareja no siempre es un prerrequisito para la reproducción exitosa, sí lo será en hembras hambrientas. Al macho, por extraño que parezca, su sacrificio le resulta beneficioso porque al literalmente perder la cabeza por la hembra al “poseerla”, se incrementará la posibilidad de reproducirse cuando la oportunidad de encontrar pareja es rara y contará con la oportunidad de fecundar a un mayor número de huevos fértiles.

Fotografías: Quetzal Ángeles de Biologgers 

El actuar de la mantis religiosa recuerda la historia bíblica de Judith (aunque en las biblias protestantes el libro de Judit es excluido), una bella joven viuda hebrea que sedujo, con la promesa de un encuentro sexual, al general asirio Holofernes para decapitarlo y así acabar con el asedio bélico sobre su ciudad natal Betulia. Como era de esperarse, el ejército asirio de 120 mil hombres huyó despavorido al ver la cabeza inerte de su líder sobre las murallas de la ciudad y Judith fue proclama heroína por su pueblo para nunca más casarse y mitificarse como una viuda eterna.

Fotografía: Dulce Diaz de Preguntale al biólogo

Imagen: Judith decapitando a Holofernes, de Artemisia Gentileschi, en la Galleria degli Uffizi, Florencia.

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